Lore Aquino y el Teatro Benito Juárez: una noche donde la fuerza tiene nombre propio
“Nacimahí” no es solo el título de un concierto. Es una declaración de principios. Una palabra rescatada de una lengua que el tiempo quiso borrar —y que significa, precisamente, fuerza— convertida en estandarte por una artista que sabe, mejor que nadie, lo que cuesta mantenerse en pie.
Lore Aquino no llegó al escenario. Volvió a él. Una y otra vez, con la terquedad silenciosa de quien sabe que cantar no es un privilegio que se otorga, sino una necesidad que no se negocia.
La artista chiapaneca —originaria de Tuxtla Gutiérrez, formada en la Ciudad de México con más de dos décadas de trabajo sostenido— presenta este domingo 28 de junio, a las 18:00 horas en el Teatro Benito Juárez de la Alcaldía Cuauhtémoc, el espectáculo que consolida una de las carreras más singulares de la escena musical mexicana contemporánea. Una velada que lleva por nombre Nacimahí, y que fue seleccionada por el programa Ciudad Escena 2026 de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México: un reconocimiento que no se regala, se gana.
Chiapas como raíz, el mundo como horizonte
Hay algo en la voz de Lore Aquino que no se aprende en ningún conservatorio. Se aprende en la tierra. En los mercados donde suena la marimba al mediodía, en los ríos que bajan de los Altos, en los colores que la misma artista (también pintora profesional desde 2016) lleva a sus lienzos con la misma intensidad con que los lleva a sus canciones.
Su propuesta es, en esencia, una geografía emocional. El jazz de ciudad que aprendió en los talleres de la CDMX se mezcla con el folclore que lleva en la sangre: la bossa nova, el bolero, el huapango, la marimba chiapaneca. No como collage ni como experimento, sino como lo que siempre han sido: partes inseparables de una misma persona.
El repertorio de Nacimahí lo confirma. Canciones como Ritmo, Mortal Capricho, Nublada o Mandarinas y Limones conviven con piezas inéditas que amplían ese universo. Regálame un poema, coescrita con el director musical Saukey Liy, tiene la intimidad delicada de una conversación susurrada. Enséñame funde la marimba con un swing fresco y envolvente. Esclavo y Amo (clásico del cancionero mexicano) regresa reinterpretado con una contemporaneidad que no traiciona su esencia.
Invitados que son historia viva
Un concierto de esta naturaleza no llama a cualquiera como invitados. Llama a los que también tienen algo que decir.
Los Macorinos, ese dueto legendario que ha convertido la guitarra en lengua madre y la armonía en filosofía de vida, compartirán escenario con Lore Aquino en un segmento de tres canciones que promete ser uno de los momentos más memorables de la noche. Su presencia no es adorno: es un diálogo entre generaciones, un reconocimiento mutuo entre artistas que entienden la música como oficio sagrado.
NiñoVan, el dueto de compositores que ha construido su lenguaje propio en la intersección entre la canción de autor y el bienestar emocional, suma su voz a la propuesta con las melodías que lo han convertido en una de las revelaciones más queridas de la escena independiente mexicana.
Y se une a ellos Suset, artista cuya presencia redondea una noche pensada para emocionar desde ángulos distintos: la raíz, la intimidad, la contemporaneidad.
La base musical —sólida, elegante, viva— estará en manos de Saukey Liy en la dirección musical y guitarra, Manu Merchand en el bajo y Jesús Bernal en la batería. Una arquitectura sonora construida para que la emoción tenga donde apoyarse.
Una experiencia multisensorial
Nacimahí es un espacio donde la música y la imagen se hablan. Durante la velada, visuales con obra plástica original de Lore Aquino acompañarán cada momento musical, transformando el Teatro Benito Juárez en algo parecido a una galería en movimiento: pintura, color y sensibilidad escénica entretejidos en una experiencia que se siente tanto como se escucha.
Es, también, el preludio a algo mayor. El verano de 2026 será testigo del lanzamiento de la segunda entrega de su grabación doble: un nuevo volumen que amplía el universo de Nacimahí I —el EP publicado en 2025 que sorprendió con su identidad sonora profunda y su anclaje en la tradición chiapaneca— con canciones dedicadas al amor en su forma más pura, a la creación femenina y a la tierra que siempre ha sido su punto de partida.
Lore Aquino lleva más de veinte años construyendo, con paciencia y convicción, una obra que no busca tendencias porque ya tiene dirección propia. Fundó la Sociedad de Autores y Compositores de Chiapas. Formó parte del patrimonio sonoro de los 100 años de la Música en Chiapas. Ha compartido escenarios con Iraida Noriega, Raúl Ornelas, Abraham Barrera. Ha ganado convocatorias internacionales. Ha pintado portadas de discos ajenos con la misma entrega que pone en los propios.
Todo eso llega el 28 de junio al Teatro Benito Juárez. Condensado en una sola noche. Con Los Macorinos, NiñoVan y Suset como compañía de lujo. Con una voz que aprendió que la fuerza (Nacimahí) no es ausencia de fragilidad, sino la decisión de seguir cantando a pesar de ella.
La música, bien hecha, nos recuerda que somos capaces de más de lo que creemos. Lore Aquino lo sabe. El domingo, lo demostrará.




