La voz del otro lado: Atomic Project
Una llamada con Paco Rivera (Atomic Project) sobre silencio, frecuencia y la música que nace hacia adentro.
Hay algo en las llamadas telefónicas que los mensajes de voz nunca podrán reemplazar. No es la información (eso lo transmite cualquier pantalla), sino la textura. El peso de una pausa. El tono que sube cuando alguien recuerda algo que le importa. El instante preciso en que una persona deja de hablar y lo que queda suspendido en la línea dice más que cualquier palabra.
Marcamos el número de Paco Rivera en una tarde sin prisa. Del otro lado, después de dos timbres, una voz cálida, despierta, sin urgencia. La voz de alguien que hace tiempo aprendió a no competir con el ruido.
Paco Rivera tiene más de veinticinco años de historia con Pilaseca, la banda de funk que San Miguel de Allende adoptó como suya desde 1999 y que con el tiempo se convirtió en uno de los proyectos más sólidos y queridos de la escena groove en México. Pero hoy la conversación no es sobre aquello. Hoy es sobre Atomic Project, su proyecto personal, y sobre un disco llamado Solo existes adentro de ti, título que descubrimos durante la llamada, no es una frase filosófica adoptada, sino una convicción que lleva años viviendo.

“¿Cómo empezó todo esto?” le preguntamos. Y antes de responder, hace una pausa. De esas que en un mensaje de texto nadie esperaría, pero que en una llamada se sienten como respiración.
(PR)-Creo que hay un punto en la vida (dice) en que ya no puedes seguir haciendo lo mismo, aunque lo hagas muy bien. No porque esté mal, sino porque ya no te alcanza. Pilaseca fue y sigue siendo mi casa. Pero Atomic Project es otra cosa. Es un cuarto propio, ¿entiendes?
Lo entendemos. O al menos lo intuimos. Hay artistas que llevan décadas dentro de una banda y que en algún momento necesitan una conversación distinta consigo mismos. No una ruptura, sino una exploración. Atomic Project nació de ahí: de la necesidad de ir a un lugar donde el groove no tuviera que complacer a nadie más que a la conciencia.
El disco que resultó de ese proceso se llama Solo existes adentro de ti, y es difícil describirlo sin caer en lugares comunes. No es ambient. No es techno. No es lo que la gente espera cuando escucha “electrónica mexicana”. Es, quizás, lo que sucede cuando un músico de funk deja de buscar la reacción del público y empieza a buscar su propio pulso.
Las texturas son espaciadas, casi meditativas. Las guitarras (instrumento con el que Paco lleva toda su vida hablando) ya no buscan el gancho explosivo de los mejores años de Pila Seca. Aquí las cuerdas construyen mantras. Ritmos que no piden que bailes, sino que respires. Los bombos y las cajas migran de la pista de baile hacia algo que el propio Paco llama “música de alta vibración”: frecuencias diseñadas para el movimiento consciente, para la meditación en tránsito.
Y encima de todo eso, su voz. Flotando. Sin pretender ser un estribillo pop. Susurrando, más que cantando, ciertas verdades que uno tiene que estar muy quieto para escuchar.
Le preguntamos si tiene miedo de que la gente no lo entienda.
(PR)- Ya tuve miedo de eso responde, y en la cadencia de esa frase hay algo que suena a cicatriz bien curada. Ahora tengo más miedo de no ser honesto. El miedo al incomprendido ya lo superé. El miedo a traicionarme todavía lo trabajo.
Aquí es cuando uno agradece estar en una llamada y no leyendo un comunicado de prensa. Porque eso no se escribe así. Eso se dice así, con esa inflexión exacta, y quien está del otro lado lo recibe completo.
Somos, los que hacemos esta nota y los que la leen, lo que algunos llaman adultos contemporáneos. Quizás ya no seríamos los primeros en la fila del festival. Quizás ya no llevamos el teléfono en la mano para grabar el concierto entero. Pero sabemos escuchar. Y eso, con los años, se vuelve un privilegio enorme.
Paco Rivera también lo sabe. Solo existes adentro de ti no está diseñado para el algoritmo. No tiene single de presentación con gancho de ocho segundos. Es un álbum para escucharse en orden, de principio a fin, como se escuchaban antes los discos que cambiaban algo dentro de uno. Como una sesión continua donde cada track eleva un peldaño la energía hasta que, en algún momento del recorrido, uno se da cuenta de que ya no está escuchando hacia afuera.
Está escuchando hacia adentro.
Antes de colgar, le preguntamos qué necesita un oyente para entrar bien al disco.
(PR)- Tiempo (dice, sin dudar). Y querer estar consigo mismo, aunque dé un poco de vértigo.
La línea sigue abierta unos segundos después de que termina la frase. Ninguno de los dos cuelga de inmediato. Hay algo en ese silencio que ya forma parte de la conversación.
Y de la música.
