Botellas al mar (y esta columna también)
Por: Gabriel Velázquez “El Gabo”
Hay canciones que nunca son escuchadas. Poemas que se escriben en la madrugada y se quedan para siempre en una libreta vieja, con la tinta corrida y el espiral oxidado. Cuentos que habitaron cajones por años. Pinturas escondidas detrás de un librero. Ideas que nunca pasaron de una servilleta en un café o una nota en el celular.
Antes, ese arte quedaba atrapado en el mundo físico. Hojas sueltas, diarios personales, grabadoras con cintas que nadie volvió a oír. Obras completas que eran un secreto entre el autor y su propio deseo. Se creaba desde la urgencia de decir, desde la necesidad de darle forma a lo que dolía, o brillaba, o simplemente pedía salir. No se pensaba en viralidad, en algoritmos, en métricas. A veces ni siquiera se pensaba en “publicar”. Solo en hacer.
Hoy, aunque tenemos mil plataformas, algo similar sigue ocurriendo. Las libretas ahora están en Google Docs. Las canciones se suben a SoundCloud o a TikTok. Los poemas se vuelven carruseles de Instagram. Pero el destino es el mismo: flotar. Flotar entre millones de otros mensajes, esperando hacer contacto. Esperando ser descubiertos, escuchados, entendidos.
Y la verdad es que la mayoría de esas obras se pierden. No porque no valgan la pena, sino porque el mar es inmenso y hay muchas botellas lanzadas al mismo tiempo. Algunas llegan. Otras no. Y muchas veces, lo único que queda es la esperanza de que, en algún momento, en alguna orilla remota, alguien las recoja, las abra, y al leerlas sienta que no está solo.
Pienso en todo esto cada vez que escribo una nueva columna.
Cierro la computadora, la repaso una última vez, le doy “publicar” y luego la dejo ahí, como quien lanza una carta al viento sin saber si alguien va a contestar. No sé cuántas personas la leen. No sé si alguien se queda pensando en lo que escribí, o si apenas le dan scroll y siguen con su día. A veces no importa. A veces duele un poco. Otras, da lo mismo.
Pero esta vez me dio curiosidad.
Esta columna, la que estás leyendo ahora mismo… ¿a ti te llegó? ¿La encontraste en medio del ruido? ¿Te quedaste más de dos párrafos?
Si es así, te propongo algo.
Mándame un mensaje directo a través de la cuenta de Zona Acústica en Instagram. Dime que la leíste. Cuéntame si alguna frase de esta columna o de alguna otra te hizo ruido, te hizo pensar, o simplemente te hizo compañía. No hay gran premio —al menos no todavía—, pero a lo mejor te espera una sorpresa. O tal vez solo una charla. De esas que también valen la pena.
Yo seguiré escribiendo. Porque no puedo no hacerlo. Porque sigo creyendo que algunas botellas, tarde o temprano, llegan a la orilla correcta.
