Valeria Roswell: La alquimia de convertir heridas en canciones
En los márgenes del pop alternativo mexicano, donde la electrónica se encuentra con el folkpop y las letras abrazan la melancolía sin miedo, surge una voz que no necesita gritar para ser escuchada. Valeria Roswell, cantautora de la Ciudad de México, ha encontrado en la música el lenguaje perfecto para hablar de lo que duele, lo que sana y lo que nos transforma.
Su propuesta artística desafía la superficialidad con una honestidad que desarma. Su voz, suave pero firme, dulce pero devastadora, transita entre el pop alternativo, la electrónica etérea, el r&b íntimo y el folkpop con alma poética. Sus influencias —Aurora, Billie Eilish, Natalia Lafourcade, Hozier, Lorde— se proyectan como ecos en su propuesta, pero su esencia es única.
Cada una de sus canciones parece una confesión, una carta escrita desde el rincón más vulnerable del corazón, pero entregada con la fuerza de quien ya se ha roto y ha vuelto a juntar sus piezas con oro. Su música no es solo un acto de creación: es un acto de sanación. “Crear música me libera y me transforma”, dice Valeria. “La única forma de ser quien en verdad soy, es a través de ella”.
Y esa verdad se escucha. En cada nota, en cada silencio, en cada palabra cuidadosamente tejida. Habla del amor propio no como un eslogan, sino como una batalla ganada entre cicatrices. Canta la melancolía con la ternura de quien ha llorado sin perder la esperanza. Y transforma el escenario —ya sea un foro, una escuela o una cabina de radio— en un santuario de conexión genuina.
Valeria Roswell no busca lo superficial. Su arte es una invitación a mirar hacia adentro, a encontrar belleza en lo roto, a celebrar lo que somos incluso en la oscuridad. “La música y la composición son el modo en el que busco sanar y hablar de mis experiencias”, confiesa. “Les creo a mis recuerdos un lugar especial”.

Ese lugar se expande ahora hacia su primer LP, una obra de doce canciones que verá la luz a finales de este año. Mientras tanto, Valeria continúa llevando su música a cada rincón posible, desde festivales como el Internacional de Cine de La Paz, hasta giras escolares que le permiten estar cerca de quienes la escuchan desde el corazón. Participó como artista abridora en el concierto Románticos y Locos de Francisco Céspedes y Edgar Oceransky, y ha resonado en espacios como Radio Ibero 90.0, Pop Radio con el Turry Macías y el Tec de Monterrey, llenando de emociones los acústicos más íntimos.
Pero más allá de escenarios o cifras, lo que mueve a Valeria es el anhelo profundo de conectar. “Poder llegar a más gente con mi música es mi mayor sueño”, dice. Y ese sueño, nota a nota, verso a verso, ya se está cumpliendo.
Porque en un tiempo donde sobran las voces y faltan las verdades, Valeria Roswell ha elegido ser un puente. Entre lo que sentimos y lo que no sabemos decir. Entre el dolor y la belleza. Entre el silencio y la música.
Y en ese puente, muchos hemos encontrado un lugar donde quedarnos.
