Del Tenampa al Atlante: Una charla con Félix Fernández sobre Joaquín Sabina
Por: Gabriel Velázquez “El Gabo”
Hace un par de años, cuando el Atlante aún jugaba en el Estadio de Ciudad de los Deportes, asistí a un partido de mi equipo. Mientras caminaba por los pasillos del estadio, pasé cerca del palco donde se encontraba Félix Fernández, el legendario portero azulgrana. Sin pensarlo dos veces, me acerqué y le pedí que me presentara a Joaquín Sabina. No estoy seguro de si Félix recuerda ese momento, pero para mí fue significativo. Más adelante, tuve la oportunidad de platicar con él, y esto fue lo que me contó.
Félix me relató cómo conoció a Sabina en 1996, en el emblemático Tenampa de la Plaza Garibaldi. Aquel encuentro no fue casualidad; fue el inicio de una amistad que trascendería décadas. Recuerda que, en medio de tequilas y mariachis, Sabina se le acercó y le dijo: “Yo quiero que seamos amigos, pero si acaso vamos a serlo, te informo que muchas veces voy a decepcionarte”. Una declaración tan honesta como poética, muy al estilo del cantautor.
Lo que comenzó como una charla entre copas se transformó en una relación entrañable. Sabina, influenciado por Félix, adoptó al Atlante como su equipo en México. “En México le voy al Atlante”, llegó a decir el español, una elección que refleja su afinidad por lo auténtico, por lo marginal, por lo que no busca agradar a todos.
Félix también compartió detalles de una visita a Madrid, donde, en el departamento de Sabina en la Plaza Tirso de Molina, el cantautor le confesó que habría una “post última” gira en 2025, a pesar de haber anunciado previamente su retiro. Una muestra más de que, para Sabina, las despedidas nunca son definitivas.
En su último concierto en México, coincidiendo con su cumpleaños número 76, Sabina decidió no interpretar “Princesa”, una de sus canciones más emblemáticas. Una decisión que dejó a muchos con la sensación de que, tal vez, aún queda una canción más por cantar. A fin de cuentas, Sabina es un experto en eso: en dejarnos siempre con una estrofa pendiente.
Conversar con Félix Fernández sobre Joaquín Sabina fue como abrir una caja de memorias compartidas entre la música y el futbol, entre la bohemia y la amistad. Esos momentos me hacen pensar en lo afortunado que uno es cuando tiene la oportunidad de acercarse —aunque sea un poco— a las personas que le han cambiado la vida con sus canciones.
Esta columna no solo habla de Joaquín Sabina, sino también de Félix Fernández. A través de esta charla, terminé conociendo un poco más a un hombre que, más allá de ser el mítico portero del Atlante, es también un gran conversador, un apasionado del arte y alguien con una sensibilidad que no siempre se asocia con el futbol. Para mí, como atlantista, Félix ya era una figura admirada en la cancha; hoy, gracias a esta conversación, también lo es fuera de ella.
Tengo la fortuna de conocer a muchos artistas brillantes, amigos talentosos que admiro profundamente. Y sin embargo, hay figuras que siguen siendo eso: figuras. Están ahí, lejanos, intactos en su propio mito. En el caso de Joaquín Sabina, aún estoy esperando a que Félix Fernández me lo presente.
Tal vez nunca pase, y está bien. A veces conocer a nuestros ídolos no es lo esencial. A veces basta con saber que alguien los conoció, los escuchó cantar de cerca, los vio tropezar sin perder la poesía. Pero hay otras veces —y esta es una de ellas— en las que uno se permite soñar con ese encuentro improbable. No por vanidad ni por colección, sino por el simple deseo de agradecerle, en persona, a alguien que nos ha hecho más llevadera la vida con sus canciones.
Y tú, si pudieras conocer a uno solo de tus ídolos, ¿sabrías qué decirle?



