Cuando la ciudad aprende a escucharse: UNÍSONAS FEST y el latido que no calla
Hay noches en la Ciudad de México que huelen a prólogo.
Noches en que el concreto cede un poco, en que el ruido del tráfico en la Roma se convierte en algo parecido al silencio si uno sabe cómo orientar el oído. Son las noches que preceden a los eventos que no se anuncian con estrépito, sino que llegan como llega lo verdadero: despacio, con paso firme, sin pedir permiso.
El 23 de abril de 2026 es una de esas noches.
En el primer piso del Mercado Roma, entre el aroma del café de especialidad y la luz que cae oblicua sobre las plantas del pasillo, existe un espacio donde el sonido se comporta de manera distinta. No se dispersa. No se pierde en la altura de una nave industrial ni se ahoga en el eco de un estadio. Aquí el sonido llega. Toca el pecho con una franqueza que desconcierta, que desarma, que recuerda al espectador que vino a sentir y no solo a mirar.
En ese espacio, Leone ha construido un altar.
Lo ha llamado UNÍSONAS FEST: Mujeres que suenan fuerte, y cada palabra del nombre importa. Unísonas porque la unión no borra las diferencias sino que las eleva. Mujeres porque la visibilidad no es un gesto simbólico sino un acto político y urgente. Que suenan fuerte porque el volumen aquí no se mide en decibeles, sino en la profundidad del surco que la voz deja en quien escucha.
Leone (cantautora, productora, arquitecta de escenarios) conoce el cuerpo del teatro como quien conoce el de un idioma materno. Ha pisado el Esperanza Iris. Ha navegado los festivales más exigentes del país. Y sin embargo, eligió construir algo íntimo. Algo que pudiera mirarse a los ojos.

Cinco mujeres. Cinco formas distintas de decir la misma verdad.
Irina Indigo lleva más de tres décadas prestando su voz a personajes que otros olvidarán pero que ella conoce desde adentro. Ha sido Kerry Washington en la pantalla ajena. Ha sido Eliza Thornberry en la infancia de miles. Ha sido Mineru en los laberintos de Hyrule. Conoce como pocos el poder de la intención vocal, esa milésima de segundo en que la voz decide entre rozar o atravesar. Cuando Irina canta sus propias canciones, uno comprende que toda esa vida habitando personajes fue en realidad un largo entrenamiento para habitar, por fin, su propia historia.
Mo Rivas compone como quien tiende una cama después de una larga noche de llanto: con cuidado, con esperanza, con el conocimiento de que el orden es posible incluso después del caos. Sus canciones son mapas de duelo. Guías de regreso a uno mismo. El ukelele, la armónica, la kalimba, la guitarra -cada instrumento que toca es una lengua distinta para decir lo mismo: esto también pasa. esto también forma parte de ti. Ha prestado su voz como corista a Thalía en el Auditorio Nacional y ha colaborado con Carlos Law, dos coordenadas que hablan de una artista que sabe moverse con igual soltura en el escenario masivo y en la canción más íntima. Con UNÍSONAS, Mo llega a decir, por fin, lo suyo: que el dolor, convertido en canción, puede quitarle el peso a alguien más.
Maida La Reina escribe canciones que parecen sencillas hasta que uno descubre que no puede dejar de tararearlas dos días después, que se han instalado en algún lugar del cerebro donde viven las cosas que de verdad importan. Coescribió “Natural” con Paulina Goto (una canción sobre florecer desde lo imperfecto) y en ese título está toda su filosofía: la belleza no como destino, sino como proceso. Nominaciones, premios y escenarios grandes no han curvado su mirada. Maida todavía escribe como si estuviera diciéndole algo al oído a una sola persona.
Jennifer Silva canta los corridos que nadie se atreve a escribir. Los de las mujeres que se quedaron. Los de las que se fueron. Los de las que nunca llegaron a elegir. En el regional mexicano (un género que ha sido a veces cómplice de sus propias sombras) Jennifer abre ventanas. El acordeón en sus manos no acompaña historias de conquista; acompaña historias de dignidad. Su voz, que alguien describió alguna vez como vagabunda y hambrienta de verdad, es exactamente eso: hambrienta. Insatisfecha con lo superficial. Siempre buscando el hueso, el tuétano, la cosa real.
Anne Yvker tardó en llegar al escenario propio, pero cuando en 2016 finalmente dijo esto es mío, lo hizo sin timidez. Multiinstrumentista de formación, su pop rock lleva blues en la sangre, soul en la respiración, folk en los pies y flamenco en las manos. Ha colaborado con Erika Ender y Vivir Quintana, dos nombres que por sí solos hablan de la dimensión y la integridad artística de quienes la eligen. Ha cantado ante 60,000 personas en el Zócalo. Pero hay algo en la manera en que Anne habla de la libertad (como si fuera una conquista cotidiana y no un estado permanente) que sugiere que cada concierto es también un catarsis. Para el público. Y para ella misma.
Lo Que el 2026 Necesita Escuchar
Vivimos un momento extraño en la historia del sonido.
Las máquinas ya pueden componer. Ya pueden mezclar, masterizar, lanzar un sencillo a las tres de la madrugada sin que ningún ser humano se desvele por ello. Y sin embargo (o precisamente por eso) hay una sed creciente de imperfección. De la respiración entre frase y frase. Del error que se convierte en gracia. De la voz que tiembla porque algo en ella aún no ha cicatrizado del todo.
UNÍSONAS FEST es una respuesta a esa sed. No como manifiesto tecnofóbico, sino como afirmación: seguimos aquí. Seguimos siendo irrepetibles.
UNÍSONAS FEST nace como un festival independiente construido desde adentro y para adentro: un espacio diseñado por y para mujeres y disidencias artísticas que llevan años creando en los márgenes de una industria que todavía les debe reconocimiento. No es una concesión del mainstream ni una cuota de diversidad en un cartel ajeno. Es una plataforma propia, con identidad clara y raíces profundas, donde la independencia no es una limitación sino la condición que hace posible la honestidad. Aquí no hay que negociar el mensaje ni suavizar la voz para caber en un molde. Aquí el molde lo construyen ellas.
En un año en que el pequeño placer ha recuperado su dignidad (la entrada a un concierto íntimo como ese acto de resistencia cotidiana contra la enormidad del mundo) llegar a Sala Sonora el 23 de abril es también un acto de cuidado propio. Una apuesta por la propia sensibilidad.
La Resonancia que Permanece
Las luces se apagarán.
El tráfico de la Roma volverá a ser el protagonista. Los meseros del Mercado recogerán las últimas copas. Y los asistentes saldrán a la noche tibia de abril con algo que no traían al entrar: la resonancia.
Esa vibración que no es exactamente un recuerdo ni exactamente una emoción, sino algo entre ambas cosas. El lugar del cuerpo donde la música se instala cuando ha sido verdadera.
Irina, Mo, Maida, Jennifer y Anne (bajo la producción de Leone) no van a hacer ruido el 23 de abril. Van a romper el silencio. Y hay una diferencia enorme entre ambas cosas.
UNÍSONAS FEST: Mujeres que suenan fuerte
23 de abril de 2026 · 20:00 hrs.
Sala Sonora, Mercado Roma — Querétaro 225, Roma Norte, CDMX
Boletos en taquilla y Passline.

