El arte de estructurar la chispa: Crear y sobrevivir en el mundo corporativo
Por: Fermín Romero de Torres
En el imaginario colectivo, la vida corporativa y el pensamiento creativo suelen presentarse como fuerzas antagónicas. Por un lado, la estructura formal, los horarios estrictos y los procesos estandarizados; por el otro, la soltura, la experimentación y la necesidad constante de romper el molde. Sin embargo, en el punto de encuentro de estos dos mundos, existe una fauna fascinante de profesionistas que logran no solo habitar ambas realidades, sino nutrirlas mutuamente.
Para comprender cómo se sostiene este equilibrio, conversé con dos perfiles tan polifacéticos como complementarios dentro del entorno corporativo: Miri Silva, Arquitecta Urbanista y Corporate Trainer, y Christopher Garibay, artista plástico especializado en grabado y representante de Customer Service.
El punto de partida: La necesidad y el salto al entorno corporativo
El camino hacia una empresa estructurada rara vez es una línea recta para quien viene de disciplinas plásticas o de diseño. Al preguntarles qué motivó esa transición, la honestidad fue el denominador común.
Christopher resume el impulso inicial con pragmatismo absoluto:
“La estabilidad económica. El mundo corporativo te brinda una estabilidad que las artes no necesariamente te dan […] Tienes un salario seguro cada quince días, prestaciones de ley, seguro social principalmente.”
Por su parte, Miri reconoce entre risas que el motor inicial también fue “el hambre”, aunque su formación como arquitecta urbanista ya la situaba en un terreno intermedio. Tras años de especializarse en gestión y aspectos normativos, encontró un terreno divertido en la sistematización:
“A mí me gusta mucho todo lo que es la gestión y la logística, porque veo la sistematización de todas las cosas como algo muy divertido. Son muchas maneras de llegar a un fin, pero las puedes cantar de manera distinta.”
Redefinir la rutina: Empatía y cotorreo como herramientas de trabajo
Una vez dentro de la estructura corporativa, la clave para no perder la identidad creativa radica en cómo se asume el rol diario. Para Miri, la capacitación corporativa (training) se convierte en una plataforma de comunicación estratégica donde el dinamismo es fundamental:
“Yo tengo este trabajo muy romantizado […] Me están pagando bien, me están dando buenas prestaciones, tengo buenos horarios y lo único que tengo que hacer es cotorrear. Y yo ya cotorreo gratis. Si puedo meterle este mindset a la gente y decir ‘Tú vas a estar cotorreando, piénsalo como que le estás ayudando a tu vecina o a tu primo’, de ahí te agarraste.”
Para Christopher, el entorno laboral le ofreció una perspectiva distinta sobre el trabajo de atención al cliente (Customer Service), desmontando prejuicios previos gracias a la diversidad humana con la que convive:
“Tenía muy prejuiciado el tema del trabajo en un Call Center […] Conoces gente bien chida que hace diferentes cosas y que han hecho de todo, y te das cuenta de que muchos tienen una personalidad alterna. Más allá del trabajo en sí, es el ambiente laboral lo que hace que esto sea más llevadero.”
Asimismo, destaca cómo su sensibilidad artística le permite abordar situaciones complejas o llamadas delicadas de clientes con mayor desenvoltura:
“Mi trasfondo creativo me ha hecho un güey muy aligerado […] Nosotros trabajamos temas relativamente sensibles […] Abordarlo desde las maneras más empáticas posibles y con el respeto necesario es la mejor idea. El hecho de ser así de aligerado ayuda mucho.”
La chispa, el ocio y la gestión del tiempo
Mantener encendido el motor creativo mientras se cumplen métricas y horarios estrictos exige rituales propios y adaptaciones mentales. Al hablar de sus rutinas para nutrir la creatividad, Christopher admite que su proceso suele nacer del descanso consciente:
“No tengo un ritual propiamente, pero casi siempre parto del ocio […] Cuando tengo pequeños tiempos muertos, empiezo a navegar en Copilot, a preguntarle diferentes cosas y de ahí empiezan a surgir ideas.”
En cuanto a los desafíos más grandes que impone el esquema corporativo, ambos coinciden en que la rigidez del tiempo es la barrera más compleja. Miri comparte cómo transformó un conflicto recurrente de puntualidad en una oportunidad de introspección y respeto:
“Fue cambiar el speech de decir ‘Ay, perdón, es que siempre llego tarde porque yo soy así’, a un ‘¿Y si lo empiezo a cambiar y digo que siempre llego temprano?’. Eventualmente me empecé a generar pequeños hábitos y le agarré muchísimo amor a llegar temprano, con calma, sin estrés, cotorreando.”
Christopher coincide en que la disciplina del reloj es el reto universal en estos entornos, y que la solución radica en sistematizar la propia vida diaria:
“Es justo la constancia que demanda el entorno corporativo […] Los horarios son el problema. ¿Cómo lo superas? Irte haciendo ciertos hábitos: empezar a comer a cierta hora más rápido, agarrarle mañas a dónde comes o qué pides para adelantarte al panorama.”
El balance final
La experiencia de Miri Silva y Christopher Garibay demuestra que la estructura corporativa y el pensamiento creativo no tienen por qué anularse. Al contrario: la capacidad de traducir ideas, conectar de forma empática con los demás y resolver problemas de manera ágil son herramientas puramente creativas que transforman la operatividad diaria. Al mismo tiempo, el orden, los hábitos y la estabilidad del mundo corporativo ofrecen el marco necesario para que la vida artística siga teniendo un lugar seguro donde desarrollarse.

