Cuernavaca para Alejandro Santiago: canciones, memoria y cariño.
Cuernavaca, Morelos, 4 de septiembre de 2026. — La tarde-noche del viernes 4 de septiembre, la llamada Ciudad de la Eterna Primavera fue escenario de una velada profundamente emotiva dedicada a uno de los cantautores más entrañables y talentosos de la canción contemporánea mexicana: Alejandro Santiago.
El Auditorio Hno. Manuel Arróyave de la Universidad La Salle Cuernavaca se convirtió en punto de encuentro para músicos, amigos, colegas y público que, a través de sus canciones, rindieron homenaje a una trayectoria construida durante décadas. Una noche en la que la música fue, más que un espectáculo, una forma de acompañar, agradecer y celebrar la vida y la obra de un artista que ha dejado una huella profunda en varias generaciones.
Cuernavaca no es una ciudad ajena a la historia de Alejandro Santiago. Durante más de dos décadas ha sido parte de su vida, de sus afectos y de su camino artístico. Desde este lugar, Santi ha seguido construyendo una obra que ocupa un sitio importante dentro de la canción de autor mexicana.
Su trayectoria lo ha llevado a escenarios emblemáticos dentro y fuera de México, entre ellos el Auditorio Nacional, el MGM de Las Vegas y el Madison Square Garden de Nueva York. Pero detrás de esos grandes escenarios existe otra historia, quizá más íntima y significativa: la de un compositor que ha llevado su guitarra y sus canciones a distintas
ciudades del mundo, encontrando en cada escenario un público dispuesto a hacer propias sus historias.
Canciones como “Andrómeda”, “Agua de Mar”, “Por si no te vuelvo a ver” y “En pie de guerra”, entre muchas otras, son parte de un repertorio que ha acompañado amores, despedidas, encuentros, viajes y momentos decisivos en la vida de quienes las han escuchado.
Una noche hecha de amigos, canciones y memoria
El concierto surgió por iniciativa de la cantautoras María Jimena, el locutor Eduardo Helguera y Abdiel Enar, productor y manager de Alex, quienes hicieron posible reunir a un grupo de artistas que, de una u otra manera, han compartido camino, escenarios y canciones con Alejandro Santiago a lo largo de su historia musical.
Sobre el escenario estuvieron Dagiel, Horacio Paredes, Gerardo Ziwl, Alejandra Moreno, Álvaro Carrillo Jr., Ernesto Anaya, Alfonso Maya, María Jimena, Celso Duarte y Rafael Mendoza, quienes ofrecieron distintas versiones y lecturas de las canciones de Alejandro.
La suma de guitarras construyó la columna vertebral de la noche. El violín de Ernesto Anaya añadió profundidad y emoción a los arreglos, mientras que el arpa de Celso Duarte aportó una sonoridad que envolvió el auditorio y llevó las canciones hacia nuevos territorios.
Pero quizá lo más poderoso ocurrió lejos del escenario.
Tras bambalinas, los recuerdos, las anécdotas y los abrazos daban cuenta de una historia compartida. El aroma del café de olla endulzaba los camerinos mientras músicos y amigos se reencontraban alrededor de la obra de un hombre que, durante tantos años, ha hecho de la canción una manera de contar la vida.
En las butacas, el público también hizo suyo el homenaje. Las voces de los asistentes se sumaron a las de los músicos para cantar canciones que han permanecido en la memoria durante años: “El Alquimista”, “De fin de siglo”, “Cuando dije amor” y “Para una despedida”, entre muchas otras.
Cada canción parecía traer consigo una historia. Cada acorde despertaba un recuerdo. Y cada voz que se sumaba desde el público confirmaba algo esencial: las canciones dejan de pertenecer únicamente a quien las escribe cuando encuentran un lugar en la vida de quienes las escuchan.
Cantar para acompañar
Alejandro Santiago atraviesa actualmente una etapa complicada en materia de salud. Por ello, la noche adquirió un significado todavía más profundo. No se trató solamente de interpretar su repertorio, sino de hacerle saber, a través de la música y de la presencia de amigos y seguidores, que su camino no ha sido recorrido en soledad.
La respuesta del público fue una muestra de cariño y reconocimiento hacia un artista que ha construido su trayectoria a pulso, con una voz particular, una guitarra y una manera honesta de entender la canción.
Al final, músicos y público se unieron para interpretar “Por si no te vuelvo a ver”, una canción que en ese momento adquirió una dimensión especialmente conmovedora. Las voces de todos se encontraron en una misma melodía, convirtiendo el cierre del concierto en un abrazo colectivo.
Porque hay canciones que no solamente se escuchan: se quedan. Y las canciones de Alejandro Santiago llevan años acompañando a quienes las han hecho parte de su propia historia.
La noche de Cuernavaca fue, en ese sentido, mucho más que un concierto. Fue un reconocimiento a una vida dedicada a la música, a las amistades que se construyen alrededor de ella y a una obra que continúa viajando de voz en voz.
El camino, las canciones y las muestras de cariño no se detienen para Alejandro Santiago, uno de los cantautores más reconocidos de México, quien con talento, perseverancia y una profunda vocación por la canción se ha consolidado, a pulso, como una de las voces más significativas de la música de autor mexicana.
Y mientras haya alguien dispuesto a cantar sus canciones, la historia de Santi continuará sonando.






