A falta de talento: Miguel Inzunza y el oficio de cantar.
Por: Fermín Romero de Torres
En la escena del cantautor mexicano contemporáneo, donde a menudo reina el comentario romántico, la obra de Miguel Inzunza se erige con una honestidad distinta: la que narra la trastienda del sueño mismo.
Su tema Falta de talento, (pieza habitante de Noches de Ciudad Volumen 1) no es una simple canción; es una crónica desnuda, un manifiesto de la perseverancia y un homenaje a la comunidad casi siempre invisible que sostiene al artista independiente.
Miguel, trovador moderno de voz inconfundible y mirada curtida en la carretera, construye una narrativa que desmitifica la figura del creador como un genio solitario. El escenario que pinta es el de la logística precaria del fan llevado a manager: gestionar entrevistas, pegar pósters, depender de favores. Siendo una visión profundamente colectiva del arte, donde la canción es un bien común alimentado por la fe de muchos.
El título encierra, en realidad, la clave de su filosofía. No se trata de una “falta de”, sino de una vocación irreductible. Ser cantautor no es lo que hace, es lo que es la única cosa para la que —según confiesa con ironía— parece estar dotado. Esta “falta de talento para otra cosa” se transforma en la fuerza motriz que justifica los desvelos, las giras interminables y las ganas de aferrarse con uñas y dientes al Plan A.
Falta de talento es un viaje circular que va en la montaña rusa de la vulnerabilidad a la certeza. Miguel captura la dualidad emocional del oficio con una claridad conmovedora, a la par de reconocer la fortuna de poseer la recompensa máxima, más valiosa que cualquier financiamiento: el soporte de un pelotón de gente que cree en su canción.
Miguel Inzunza no vende una fantasía, sino la verdad tangible y esperanzadora del proceso. Podríamos decir incluso que Falta de talento podría ser la canción más honesta que un artista puede escribirse a sí mismo y a su tribu.
En un ecosistema musical obsesionado con el éxito inmediato y la imagen pulida, este tema es un recordatorio necesario: el corazón del cantautor late más fuerte en los gestos de apoyo, en la carretera incierta y en la fe obstinada de seguir contando y cantando historias.
