Everything Here Is Alive – La banda que escucha al universo y el universo les responde
Hay proyectos que nacen de una decisión, y hay proyectos que nacen de una revelación. Everything Here Is Alive pertenece a la segunda categoría. Surgida desde los rincones más salvajes y silenciosos de San José del Cabo, Baja California Sur, esta banda de cinco integrantes no hace música: la recibe. La canaliza. La fermenta. Y cuando por fin la entrega al mundo, sabe exactamente a lo que tiene que saber: a tierra húmeda, a hongo silvestre, a viento del Pacífico y a algo que no tiene nombre en ningún idioma humano.
Andréanne Levasseur, la líder del proyecto, lo cuenta con la sencillez de quien ya no necesita convencer a nadie de lo que sabe: quería crear un proyecto musical, llenó una hoja entera de ideas, y en un impulso abrió un libro al azar. Una por una, las palabras que encontró fueron: “Everything… Here… Is… Alive”. El libro le habló. Le dio su filosofía. Le dio su nombre. Desde ese momento, todo lo que vendría después —las canciones, los músicos, los escenarios, los hongos, los zorros, las ceremonias— sería simplemente una confirmación de lo que esa página ya sabía.
Cinco voces. Un solo canal.
EHIA está integrada por Andréanne Levasseur, Stosh Lindsey, Eliot Deutch Buchanan, Sebastian Maschat y Rodrigo Montes. Cinco personas con historias distintas que convergen en un punto improbable: las afueras de Los Cabos, en un rancho de chivas, bajo el cielo del desierto que se funde con el mar. Si tuvieran que definirse con palabras del mundo de la industria musical, el género sería Indie/Psychedelic/Folk/Soft/Fae/Punk/Earth Core fermentado. Pero eso, por supuesto, es solo el principio de la descripción.
Sus canciones recorren géneros e idiomas con una libertad que rara vez se ve en proyectos tan jóvenes. No buscan sonar a algo que ya existe. Sus principales maestros son los hongos y la naturaleza —fuentes de inspiración declaradas— y eso se siente en cada acorde: hay algo orgánico, algo que crece y se descompone y vuelve a crecer, en su manera de construir melodías.
El álbum que tardó lo que tenía que tardar
Su debut homónimo, Everything Here Is Alive, no se hizo con prisa. Se fermentó. Andréanne había estado trabajando en los temas durante años, pero fue en 2022, cuando se le ofreció abrir el concierto de Alice Phoebe Lou en San José del Cabo, que encontró la presión exacta que necesitaba para terminarlos. Esa noche, compartir escenario con una artista a quien admira profundamente se convirtió en el catalizador de todo un universo.
“Fue muy difícil, pero esa oportunidad me empujó a crear y profundizar. Disfruté mucho el proceso de creación de mi propio universo.”
— Andréanne Levasseur
El álbum contiene nueve canciones compuestas por Andréanne y Stosh Lindsey, quien además asumió el rol de productor en su propio estudio. Las voces fueron grabadas en el estudio del Hotel El Ganzo, foro cultural emblemático de San José del Cabo, y el proceso de grabación fue completado bajo la producción de Rodrigo Montes, aka ‘Roch’. La mezcla quedó en manos de Stosh y Lazlo Haenger, y la masterización la realizó Lazlo en Butterama Studios, en Berlín. Un proceso que viajó del desierto de Baja California hasta la capital europea de la música electrónica —y en ese recorrido encontró exactamente la forma que necesitaba.
Nueve canciones. Nueve mundos.
Cada track del álbum es un universo completo. Walking Planets nació en un rancho durante el confinamiento, y habla de ese amor por la tierra mezclado con la desesperación que nos da ser humanos. Baile Anímale Oaxaqueña es un llamado a recuperar nuestra animalidad, escrito una semana antes de un viaje a Oaxaca a recolectar hongos —una canción que nos recuerda que los animales no se disculpan por hacer ruido. Fox llegó inesperadamente durante un viaje con su padre, cuando los zorros empezaron a aparecer en el camino y Carl Jung entró a la conversación. Magnitudes es un loop improvisado cuyas letras brotaron solas, y que Andréanne describe como un lugar morado entre mundos, donde flotas a gusto. Holograms —la primera canción que escribió— nació en Montreal, durante una época de fábricas y cuatro horas de transporte al día: habla de disociarte en la ciudad y encontrar el camino de regreso hacia la naturaleza. Y Deva llegó entera, de una sola vez, desde “el más allá”, sentada sola en el piso de cocina del rancho de chivas con la guitarra.
La canción que cierra el álbum lleva uno de los títulos más honestos de la música independiente reciente: The Door of The House We Rented On Prince Edward Island Leads to… Escrita en el sótano de esa misma casa durante un viaje con su padre, habla de lo difícil que pueden ser las relaciones familiares y, al mismo tiempo, de la oportunidad que representan para crecer juntos. De transformar el sufrimiento en dicha. De agradecer la dificultad.
En escena: volver a la raíz
Everything Here Is Alive se presentará en el Festival de la Guitarra el sábado 21 de marzo en la Ciudad de México, y en el Surf Film Festival en las playas de Guerrero —La Saladita, Troncones y Zihuatanejo— los días 26, 27 y 29 de marzo. Serán presentaciones acústicas: solo Andréanne y su guitarra, regresando a la forma en que muchas de estas canciones nacieron. Una versión desnuda, íntima y poderosa de un universo que no necesita electricidad para brillar.
Everything Here Is Alive escucha al viento, a los hongos, a los zorros, a los libros abiertos al azar, al silencio de un rancho de chivas a las afueras de Los Cabos. Y lo que oye, lo convierte en canciones que se quedan. Que crecen. Que fermentan.
Porque aquí, todo está vivo.





